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Jaguar C-Type 1953 Le Mans Auto Art

domingo, 01 febrero 2009
Escrito por: waskalas

El Jaguar C-Type, campeón de Le Mans en 1953 pilotado por los británicos Tony Rolt y Duncan Hamilton es uno de los coches de slot que realmente cuentan la historia del automóvil y es una gran satisfacción que Auto Art haya sido el encargado de fabricarlo. Ojalá otros se sumen a la fabricación de modelos de esta época, que en mi opinión es quizás la más bella del automovilismo y que cuenta con un gran número de auténticos incondicionales

La carrera

Era 1953, Le Mans una vez más se coronaba como el gran templo de la velocidad de la época y las mejores escuderías no podían dejar de pasar la oportunidad de competir en esta mítica carrera.

Si hubo un claro dominador de la carrera ese fue el Jaguar C-Type pilotado por los británicos Tony Rolt y Duncan Hamilton, quienes desde la segunda hora de carrera se situaron en primera posición y no la abandonaron proclamándose campeones de esta edición.

Tras las primeras vueltas el Ferrari de Villoresi se situaba en primera posición, pero no podía con las acometidas de Stirling Moss quien le superaba ocupando la primera plaza después de la primera hora. Rolt y Hamilton se situaban en tercera posición detrás de los pilotos de Ferrari. Chinetti y Cole eran cuartos también con Ferrari

Al poco rato el primer Alfa Romeo 6C3.0 de Fangio rompía uno de sus pistones y tenía que abandonar. Su compañero, el también argentino Onofre Marimon no llegó siquiera a coger el volante.

Pero los problemas no solo se ensañaban con el Chueco, Moss se veía obligado a entrar en boxes para intentar reparar su maltrecho filtro de gasolina. La reparación se demoró tanto tiempo que cuando el bravo piloto británico volvió a la carrera lo hizo en posiciones muy retrasadas. Rolt-Hamilton adelantaban a Ascari-Villoresi y se aupaban a la primera posición pero muy cerca de los de Ferrari. Chinetti y Cole pierden tiempo debido a diversos problemas mecánicos y se distancian respecto al líder.

Después de la cuarta hora Rolt y Hamilton eran líderes seguidos de Ascari y Villoresi a poca distancia. Ya a una vuelta se acercaban remontando los otros dos Alfa Romeo, el de Kling-Riess y de Sanesi-Carini.

Ascari apretaba y parecía que podía superar a los de Jaguar, pero problemas en el embrague le obligaban a perder posiciones en favor de los de Alfa Romeo Sanesi y Carini que habían superado a sus compañeros Kling y Riess, por lo que Rolt y Hamilton adquirían ventaja.

Los hermanos Marzzotto, Paolo y Gianni con su Ferrari habían remontado varias posiciones hasta situarse octavos, pero el Jaguar de Stirling Moss les acosaba de cerca
Behra y Mires al volante de un Gordini perdieron la séptima posición por problemas en el eje trasero y tuvieron que abandonar.

Tras numerosos abandonos, en la hora 16 Tom Cole, compañero de Chinetti se sale de la pista en Maison Blanche y golpea su Ferrari con un hangar, perdiendo la vida.

La remontada de Stirling Moss y Peter Walker estaba resultando asombrosa situándose en la segunda plaza pero alcanzar a sus compañeros de equipo estaba resultando una proeza inalcanzable. Al final de la carrera Phill Walters y John Fitch se metieron en el podio con su Cunningham C5-R Chrysler y relegando al tercer Jaguar de Peter Whitehead y Ian Stewart a la cuarta posición.

El alemán Richard von Frankenberg y el belga Paul Frére al volante del Porsche 550 Coupé vencieron en su categoría.

Sinfonía de Slot.

Cuando por primera vez pude contemplar las fotografías del coche en el foro de Pasión Slot por el compañero als_suizo pensé que se trataba de una broma. Pero comprobando fechas el 28 de diciembre quedaba todavía en la lejanía. Algo estaba pasando. La perfección de sus líneas y su más que limpia decoración me hacían pensar que se trataba más bien de un estático que de un coche de slot. Era como escuchar The Flower Duet de la ópera Lakmé del francés Léo Delibes.

Música para mis sentidos. Uno de mis coches predilectos estaba fabricado en plástico y al alcance de bolsillos con alguna que otra telaraña. Sin más demora cogí el teléfono para confirmar con mi tendero habitual que esta pequeña belleza poblaba sus nutridas estanterías. Obvia decir que ese mismo día este pequeñín aumentaba el peso de mi maletín ajeno a otros ojos que no fueran los míos. ¡Mi tesoro!

Una vez desenvuelto de su caja de cartón y extraído de la urna pude comprobar que lo que había visto en fotografía se confirmaba con lo que descansaba en mis manos. Una auténtica maravilla iba a descansar en mi vitrina junto a otros compañeros de la misma época.

La primera sorpresa fue comprobar que esa matrícula tenía los colores invertidos. Todos sabemos que nada tienen que ver el Ave Maria de Shubert o el de Gounod, pero a estas alturas de la canción podemos perdonarlo.

La segunda sorpresa y quizás la más decepcionante vino cuando fui a buscar a Tony Rolt o a Duncan Hamilton al cockpit. Un hombrecillo de cuerpo entero bien hundido en el asiento con unos hombros dignos del mejor Arnold Schwarzenegger y con unos brazos que para sí los quisiera el inspector Gadget sujetaban un más que exquisito volante dentro de un habitáculo más que bien detallado. ¿Es que estos fantásticos pilotos británicos tenían dichas hechuras o bien es que el piloto al llevar más de 50 años sentado en esa posición se ha reblandecido desorbitadamente hasta hundirse en el cockpit? Por más que miré fotos de ambos pilotos no pude constatar este hecho. De hecho ambos eran individuos de complexión bastante normal, ni pícnicos ni leptosomáticos, pero no tan atléticos como para parecerse en lo más mínimo al piloto de la reproducción. Gafas incluidas.

Pero seamos serios. Que el mejor compositor olvida alguna nota. Observar este coche es comprobar como con un poco de esfuerzo se pueden hacer las más bellas sinfonías.
No es que el color verde del coche sea bonito, es que es parece estar compuesto por el trabajador mismo que pintó el coche real. La tampografía está tan bien definida que pasas el dedo por encima para comprobar que es real y al comprobar que lo es no dejas de asombrarte.

Capítulo aparte merecen tanto el tapón del depósito como las llantas. No creo haber visto en ningún coche de slot algo tan bien hecho y con tanto gusto. El tapón cromado del depósito brilla como un espejo y parece que se va a abrir en cualquier momento y las llantas de radios metálicos son una auténtica delicia. Hay momentos en los que te descubres tirando de las manetas a ver si se abre el maletero o poniéndolo en pista por si de los escapes sale humo.

Si me olvidara de mencionar las correas que sujetan el capó a la carrocería no tendría perdón de Dios, pero es que a veces ni la música basta para describir lo bien hecho.

Pero me esperaba otra sorpresa. Esta vez era una más que grata. Al situar el bólido en pista y comprobar que al darle gas se encendían tanto las luces delanteras como las traseras hizo que olvidara a Gadget Schwarzenegger y fue igual que cuando vuelve la electricidad después de un apagón de varias horas

El caso es que el amiguete con imán incorporado negocia las curvas con bastante soltura. Es más, me atrevería a afirmar que es bastante divertido. No adolece de las consecuencias de portar un imán con demasiada magnetización, cuyo ritmo provocado al circular despacio es más próximo a Oh Fortuna de la ópera Carl Orff, Carmina Burana que al Intermezzo de la Cavallería Rusticana del italiano Pietro Mascagni.

Si retiramos al que nunca debió salir de la puerta de la nevera el coche se comporta, como La Tocata y Fuga de Bach, pero trabajando un poco sobre él seguro que no tendremos una Pastoral de Beethoven, pero no me cabe duda de que a un maestro como el alemán podría arrancarle unas buenas notas.

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