En Octubre de 2000 se disputó la 42 edición del Rally de Sanremo. Nuestro protagonista, el Toyota Corolla WRC pilotado por los italianos Piero Longhi y Lucio Baggio no consiguió pasar más allá del quinto tramo, pero mientras estuvo en carrera dejó buenas sensaciones.

El Rally de Sanremo de 2000 era la antepenúltima carrera del campeonato antes de Australia y el RAC, y había muchas cosas en juego, sobre todo en la cabeza del campeonato, donde Peugeot estaba en liza con Ford y había cuatro pilotos claros que optaban para el campeonato del mundo: Grönholm, Burns, McRae y como siempre, nuestro querido Carlos Sainz. En las últimas carreras los del León se habían mostrado intratables, Veníamos del Tour de Corse donde Panizzi había conseguido la victoria y para conseguir la segunda consecutiva tenía que darlo todo en Sanremo.

Al parecer, Panizzi quiso cobrar ventaja accediendo a los tramos “fuera del horario laboral” y los entrenó tomando las notas de manera…, digamos… algo extraoficial… Y la verdad, es que le salió bien la jugada, la organización se puso de perfil ante esta situación al no haber pruebas, o estar guardadas en casa de los Corleone… Hay una imagen donde se ve a Carlos Sainz junto a otros pilotos hablando del asunto y el “Todos lo saben” era vox pópuli entre ellos. Al que menos gracia le hizo el asunto fue a François Delecour, que después de la primera jornada, viendo como Panizzi corría más que Superman y Flash juntos, casi llega a las manos con el italiano. Jean Pierre Nicolas, en ese momento director técnico de Peugeot consiguió poner paz o, más bien una calma chicha, las malas lenguas dicen que sí llegaron a las manos, pero eso no se sabrá nunca. Panizzi, por supuesto defendía su inocencia: “Señoría, señoría, la víctima tropezó y cayó 17 veces clavándose el cuchillo…” El caso es, que estos acontecimientos enturbiaron un poco el desarrollo del rally.

Un rally que también vio cómo un policía perdió la vida mientras patrullaba por la seguridad del mismo. Eran las 5:30 de la mañana, antes de empezar la segunda jornada del rally cuando Giuseppe Micale conducía su moto policial Guzzi 850TS por el Corso Imperatrice de Sanremo cuando un miembro médico del equipo oficial Mitsubishi se cruzó delante de su moto, el policía no pudo esquivarlo y ambos se fueron al suelo, con tan mala suerte para el policía que se vio resbalando por el asfalto hasta chocar contra un poste, golpeándose la cabeza con la acera. A pesar del casco, prácticamente murió en el acto. Más suerte tuvo Pertti Siekkinen, fisioterapeuta de Mäkinen que, aunque sufrió graves lesiones en la pierna y una fractura de pelvis, pudo salvar la vida.

El Rally.
La carrera comenzó con Richard Burns y Robert Reid sobre su Subaru Impreza S6 WRC apretando mucho en el primer tramo y dejando a los Peugeot 206 WRC de los hermanos Panizzi, Gilles y Hervé en segunda posición, y de Marcus Grönholm y Timo Rautiainen en tercera. El otro Peugeot, el de François Delecour y Daniel Grataloup llegaba cuarto. Nuestros protagonistas, Piero Longhi y Lucio Baggio ocupaban una meritoria décima plaza con el Toyota Corolla WRC, que se convirtió en una tercera plaza en el segundo de los tramos, lo que les aupaba a una quinta plaza en la general. Panizzi ya lideraba la prueba por delante de Burns y el resto de coches. En el tercer tramo, el Toyota Corolla WRC con el dorsal 22 y patrocinado por la petrolera Esso mantenía sus opciones en quinta posición, pero el empujón llegó en el tramo número 4, cuando marcaron el segundo mejor scratch y se situaron en la cuarta posición de la general. Su alegría no duró mucho más, quizás se habían venido muy arriba antes de tiempo, porque un error en el quinto los llevó a accidentarse y al consiguiente abandono.

A partir de este tramo, el rally comienza a ser un monólogo entre Panizzi y Delecour, quien a pesar de darlo todo no consigue atrapar a su compañero de equipo, Burns sigue tercero a la expectativa de poder encontrar un hueco donde llegar a la cabeza, pero el crono es cruel y lo mantiene en ese puesto. Por detrás, la lucha se centra entre Tommi Mäkinen junto a Risto Mannisenmäki sobre el Mitsubishi Lancer EVO VI, Marcus Grönholm y Timo Rautiainen, con el Peugeot 206 WRC y Carlos Sainz y Luis Moya, que conducen el Ford Focus WRC, con varios problemas de suspensiones, etc. El español se dedica a modificar diferentes configuraciones en el coche, pero no consiguen dar con la tecla,

En el tramo 11 Burns frena tarde en una curva y hace un recto golpeando una roca. Aun así, consigue llevar su Subaru Impreza S6 hasta la asistencia, incluso empujándolo físicamente en los últimos metros del enlace, pero el motor está muerto y tiene que retirarse. En ese momento Sainz es tercero por delante de Mäkinen y de Grönholm. Entre ellos hay tan solo 3 segundos. Panizzi sigue apretando para que Delecour no se le acerque, y a pesar de los esfuerzos del francés por hacerlo, sigue sin acercarse al italiano.

Antes del último día Sainz se ve superado por Mäkinen que va como un tiro y por Grönholm, que mantiene su conducción sobria, siendo consciente de la importancia de los puntos tras la retirada de Richard Burns y de ver que un Colin McRae, mermado físicamente después del accidente que sufrió en Córcega, ocupa el séptimo puesto.

En la última jornada del rally no hay cambios significativos en la clasificación y Panizzi consigue su segunda victoria consecutiva en el campeonato, seguido por Delecour a 16 segundos. Detrás de ellos los puestos no cambian, Mäkinen, Grönholm y Sainz ocupan la tercera, cuarta y quinta plaza respectivamente. Grönholm cada vez es más favorito al incrementar su ventaja sobre el resto de los aspirantes y Peugeot adelanta a Ford en el campeonato de marcas. Un rally que quedará para la historia de las polémicas por lo ocurrido con los pilotos gallitos de Peugeot, quienes al final del rally expresaban su alegría. Panizzi, con una gran sonrisa y Delecour reventando cristales con la mirada. También quedan para el recuerdo las quejas de los pilotos por la proximidad del público a la carretera, una vez más…

Toyota Corolla Scalextric por Luis Vega
Quien más y quien menos, los que llevamos años en esto del slot hemos pintado, decorado, etc. alguno de nuestros cochecitos para dejarlos niquelados y que se vean maravillosos con esas decoraciones que nos gustan. Pero como todo en la vida, miramos alrededor y vemos lo que hacen otros, por lo que muchas veces miramos lo nuestro y nos dan ganas de llorar.

Y en este caso no iba a ser menos. Es cierto, que quizás sea el primer o segundo coche que haya pintado en mi vida. Hay que tener en cuenta, que tanto las manualidades, como el pincel y yo tenemos una amistad irreconciliable (si tuvimos amistad alguna vez en la vida…). Así que como podréis entender no voy a remarcar los detalles de este Toyota Corolla WRC, reproducción del mismo con el que Longhi y Baggio participaron en el rally de Sanremo de 2000. Nunca es agradable que le despellejen a uno…, por muy masoquista que uno se sienta.

La elección del modelo y la decoración provienen de un intento de lacar el modelo fabricado por Scalextric al que le incluí nuevas calcas que rindieran homenaje al modelo real y que Scalextric, por lo que sea…, olvidó incluirlas al comercializarlo. El intento de darle brillo al coche terminó en un despropósito de tampografía que tuvo a bien desplazarse por todo el coche generando un esbozo de un cuadro de Dalí que muestra unos relojes… Al final, tiré de nuestro querido alcohol, que todo lo borra y decidí pintar la carrocería sin demasiadas complicaciones con un blanco inmaculado y vestirlo con una decoración del Toyota Corolla WRC que había visto por internet y que me había llamado la atención.

Para la preparación al parto utilicé un spray de Vallejo que imprima en color blanco, elección meditada, por si luego la pintura blanca de Tamiya no tapaba todo lo que debía tapar. No abusé del spray metiéndole capas y capas, con un par de ellas (menos de 35) conseguí que el coche se viera blanco inmaculado.

Las calcas, compradas por ebay, no recuerdo a quién, no mostraban mucha calidad, algo gruesas y poco moldeables, incluso con el uso de Micro set, y Micro sol. Aun así, ponerlas no fue algo que me costara en los laterales, a pesar del tamaño, sin embargo, tuve la ocasión de pelearme a gusto en el frontal, una pelea mal sana y llena de improperios hacia el coche y las calcas, acompañados de reveladoras miradas al cielo. Un poco de rotulador mágico rojo de la marca “Amsterdam” y el resultado fue el que es, no le busquéis perfecciones, no las hay. Una capita de brillo de Vallejo, et voilá!

Las llantas las compré por internet, creo recordar que en aba1slot, acordes con las que montaba el coche real. Un fabricante, algo caro, pero con muy buena calidad en sus productos.

La última vuelta
Cuando terminé de decorar el coche pude constatar que la matrícula no era la correcta. La que trae es la K-AM-783, y la correcta es K-AM-449, en fin… Así que, después de terminar este coche tuve una epifanía. “Luis, no pintes más coches, no le hagas esto al slot”. Por supuesto no le hice ningún caso y mi poder destructivo no ha disminuido posteriormente.

0 comentarios