Para entender lo que fue el Realpor o Alpinche hay que entender la obsesión con la que Estanislao reverter vivía la competición. Llevaba un tiempo dándole vueltas al peso de los coches, Lalao entendía que a menor peso más velocidad para el coche. Era 1970 y la escudería Orense contaba con dos Porsche 911R y José Pavón, pupilo de Reverter, pilotó uno en el Rallly de Orense, con tal mala suerte, que en la bajada del Rodicio perdió el control del coche al tomar una curva muy cerrada y lo destrozó. En la España de aquella época era difícil y caro conseguir repuestos, sobre todo para aquellos coches de los que se fabricaban pocas unidades, como era el 911 R, que era una edición especial de carreras. Reverter se quedó con el desguace, donde el motor no había sufrido daño y decidió, en una epifanía sin parangón, integrar el motor dentro de un Alpine A110 1.300. Aunque el proyecto era mucho más que integrar un motor.

Reverter pasó todo un verano dedicado a integrar ese motor de 2.4cc, 6 cilindros y 220 caballos de Porsche dentro de ese Alpine y anunció que debutaría en la novena edición del rally de Rías Baixas. El montar todo el coche en el taller de su concesionario Land Rover tenía el problema de que clientes curiosos se acercaran a mirar más de lo que debían y uno de ellos no se le ocurrió otra cosa más que lanzar su cigarro cerca de un bidón de gasolina próximo al coche y aunque el señor con rabo y tridente se frotara las manos cuando se prendió la gasolina y comenzó el incendio, Reverter se jugó la vida consiguiendo apagarlo antes de que todo se prendiera, pero sufrió las consecuencias en su cara, lo que no fue óbice para llevar el coche al parque cerrado el día que comenzaba el rally. Todos le preguntaron qué le había sucedido, y Reverter, muy mermado y untado de ungüento milagroso en sus quemaduras contestó con un tercer puesto al final del Rally.

Lalao denominó a su criatura REALPOR (REverter-ALpine-PORsche), incluso incluyó su nombre en los bajos de las puertas con tipografía Porsche, pero como ocurre muchas veces, los aficionados comenzaron a llamarle Alpinche y con ese nombre se quedó.

La carrocería del Alpine sufrió grandes cambios, se ensanchó para poder integrar el motor y su color azul alpine se volvió del color naranja propio de la escudería con la bandera de Galicia que atravesaba el coche desde la calandra hasta el paragolpes trasero. El interior del coche parecía más el de un Porsche, el salpicadero fue construido por su chapista quien incluyó un reloj para medir la temperatura y presión del aceite, algo muy necesario en un motor Porsche, además de los clásicos velocímetro y cuentarrevoluciones, también mantenía esas soluciones muy de Reverter, como los pedales, que proceden de un Simca 1000. Se le añadieron las barras y se retiró todo aquello que solo aportaba peso al coche. Para medir el vano motor utilizó el otro 911 R que había adquirido y que vendería a Humberto Rodríguez.

Para hacer el soporte de los 6 cilindros flat partió de una cuna de un VolksWagen Escarabajo, el chasis del alpine pasa de a ser tubular y para construirlo se vale de elementos como el arco de protección. En la primera versión se mantuvo suspensión delantera del Alpine, pero reforzada con bujes de cuatro espárragos para unas llantas delanteras de 7×13 pulgadas y de 9×13 para el eje trasero fabricadas por Targa. Dicho eje trasero tuvo que modificarse y ser sustituido por otro de origen Volkswagen, el cual permitía amarrar las barras de torsión y suspensiones, y además el espacio suficiente para alojar la caja de cambios del Porsche. Todo se coronaba con unos neumáticos Dunlop Racing. En 1973 se cambiaron los neumáticos por los Michelin TB5 de los que el gallego dice que gracias a ellos pudieron modificar los ángulos y caídas de las suspensiones, lo que mejoró el coche y le permitió repetir victoria en el rally Rias Baixas en ese mismo año.

Con el poco tiempo del que disponía el gallego para probar el coche, tras terminar de montarlo, comprobó que la potencia levantaba la parte delantera del coche provocando la pérdida de adherencia. Para paliar el problema se instalaron deflectores laterales delante de los aletines de las ruedas. Después del prometedor debut en el Rías Baixas, Reverter participó en el rally de España consiguiendo también un tercer puesto. El coche llamó la atención del ganador del rally, Jean Pierre Nicolás, a quien Lalao permitió probarlo, el francés quedó sorprendido de lo veloz que era y aconsejó al español que lo fabricara en serie para venderlo, que sería un coche imbatible. No sé si el gallego llegó a planteárselo, pero imagino que de hacerlo, no encuentro que tanto Porsche como Alpine se mostraran muy colaboradores…

Reverter siempre quiso seguir mejorando el coche. El diagnóstico siempre fue el problema en el eje delantero. Se sustituyeron más piezas del Alpine por piezas del 911, suspensiones, frenos, etc., pero el coche mantenía el problema de la estabilidad delante al pisar el acelerador fuerte. De hecho nunca fue un coche fácil de conducir y solo en manos de Reverter dio su máximo rendimiento.

El coche sufrió varias averías, y tras un Rally de Asturias, se sustituyó el motor de 2.4 por otro de 2.7 que daba 60 caballos más dejando la potencia en 280 CV. La fuerza del coche era tan bestia que reventaba los palieres levantando nuevamente la imaginación de Reverter, que se le ocurrió sustituirlos por las crucetas y los estriados de los Land Rover de su concesionario, mucho más duros y resistentes.

Años más tarde, para la quinta evolución, una vez más obligada por las vicisitudes, el frontal fue modificado, José Pavón sufrió un accidente en la subida a Castro de Beiro en 1974, lo que impulsó el montaje de un gran spoiler que quedaba por debajo de los faros delanteros. Un año más tarde, en el Rally Vasco-Navarro, en manos de Reverter, el Alpinche salía volando en un cambio de rasante y se golpeaba con varios coches aparcados, el cinturón de seguridad del gallego se rompía y el volante le rompía varias costillas y le fisuraba el esternón. Esto tuvo como consecuencia una profunda modificación del frontal, que desde ese momento mostraría un look similar al que montaba Ligier en sus coches en las carreras de resistencia. También se le añadieron una serie de faros supletorios procedentes de los Land Rover 2000 porque se decía que Reverter tenía ciertos problemas de visión de noche a consecuencia del uso continuado del soldador.

A pesar de la dificultad de pilotaje, el Alpinche tuvo bastante éxito en muchas de las pruebas en las que participó. Beny Fernández pudo conseguir una victoria en la Subida a La Estrada en 1975, el resto de triunfos estuvieron siempre en manos de Reverter, que fue quien entendió mejor al coche. Dos victorias y un tercer puesto en el Rías Baixas, dos podios: un segundo y un tercero en el Rallye de España. En el Criterium Luis de Baviera, un triunfo y un tercer puesto. En el Príncipe de Asturias, que por entonces se denominaba Rally Ciudad de Oviedo, una victoria y un tercero. En el Internacional Bosch, un segundo y un tercero. En los 500 Km de Alicante, consiguió un tercero y un cuarto puesto. Actuación discreta en el Firestone de 1972 finalizando la prueba en la séptima plaza. Otro podio en el Sherry de ese mismo año. Victorias en el Rallye de los Pazos, en la Subida a Almofrey, en la Subida a Manzaneda, etc.

El fin del Alpinche se produjo con una salida de pista en el primer tramo del Rally del Sherry de 1975 en manos de Beny Fernández. El coche quedó destrozado y se optó por no reconstruirlo debido al cambio de normativa para la temporada de 1976, que le dejaba fuera de la competición. Desde la Fundación Estanislao Reverter se ha promovido la reconstrucción del Alpinche en su cuarta evolución y ha sido un trabajo muy complicado, iniciado en 2015 y finalizado en 2022, donde han intervenido muchas personas de distintos perfiles pero hoy en día podemos seguir disfrutando de él.

Alpinche Rally de Asturias 1975 Resin Whims
El fabricante artesano Resin Whims es un especialista en realizar resinas de coches de slot que ofrece una buena calidad en sus productos y tenemos la suerte de poder contar con este Alpinche de 1975 en la última versión que Estanislao Reverter puso en los tramos. Es el que menos se parece a un Alpine, con ese frontal más de carreras de resistencia, pero no por ello menos querido. En España lo pude adquirir a través del también artesano Hobbyclassic que lo comercializó en su tienda web.

Ya metidos en harina, el coche se presenta muy correcto, buenas cotas y buena presencia en general, aunque llama la atención el paso de rueda delantero, que deja demasiado espacio a la vista. Quizás, con un neumático de mayor perfil pueda paliarse un poco este problema.

Un mal común en muchas reproducciones es la transparencia en algunas calcas, como la que se aprecia en el dorsal. En mi opinión, no me importaría que la calca fuera un pelín más gruesa si con esto se subsana el problema. Y en mi unidad, en el perfil del piloto, a la calca de “Alpinche” le falta el palo de la última “E”. Cosas que pasan…

Si miramos el frontal podemos ver sus espectaculares faros, que junto a los supletorios dan mucho empaque a la reproducción. Hay que decir, que este frontal está muy bien terminado, aunque debería haber sido un poco más bajo y el spoiler delantero tener un poco más de protagonismo.


La zaga se muestra con gran corrección, quizás lo que le falta al spoiler delantero se lo han dado al trasero, pero puede ser apreciación mía. Lo que sí le falta es la pequeña parrilla central situada entre las dos tomas de aire.


Las llantas están especialmente bien hechas y lucen a gran nivel, por ponerles una pega, podían haber sido un pelín más grandes.


El interior de este Alpinche sí que se puede mostrar orgulloso, los relojes y salpicaderos están decorados y los pilotos están muy bien escalados. Se disfruta mucho y muy bien.



Los bajos del coche son como la mayoría de estas reproducciones de resina, son un elemento funcional que sirve para convertir un coche estático en un coche de slot sin priorizar en ningún sentido su comportamiento en pista, aunque en este caso, la base SRP realiza un buen trabajo de adaptación.

La última vuelta.
Con este Alpinche termino mi pequeño homenaje a Estanislao Reverter, una persona que fue un referente muy especial para el automovilismo gallego y español. Una de esas personas que son irrepetibles. Pero hablando estrictamente de slot, a dos coches de más de 150 euros hay que exigirles más. Desde mi lado, y creo que el de muchos aficionados, agradecemos que haya artesanos que nos permitan disfrutar de modelos que los fabricantes generalistas nunca comercializarán y entendemos que los costes y trabajo tienen que verse reflejados en el precio final, pero a cambio pedimos que se sea mucho más respetuoso con los modelos reales y que a las reproducciones no les falten esos detalles que justifican que lo que se paga haya merecido la pena.

Que la reproducción, en este caso la del Alpinche, incluya un certificado que dice que el resultado de un trabajo realizado a mano justifica que las imperfecciones no son defectos, sino que son testimonio de un trabajo original artesanal no deja de ser una excusa. Que una calca esté torcida lo entiendo, que el paso de rueda sea gigante respecto a la llanta me parece un error grave, error que además condiciona el frontal elevándolo y comprometiendo la decoración. Mirad las calcas de “Necto” y la franja debajo de la matrícula dónde las llevaba el coche original y dónde las lleva la reproducción.


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